31 enero, 2014

CAGAR DE CAMPO




Como es lógico, al leer este título, muchos de vosotros pensaréis que me he vuelto loco de repente. O más bien, (porque ya lo sospechabais) , que esta entrada es sin duda la demostración palpable, de que el que esto suscribe está como una cabra...

    Pero para que no empecéis a pensar que sería aconsejable, ir organizando una colecta, para comprarme una camisa de fuerza, voy a aclarar a que se debe el arrebato escatológico que parece haberse adueñado de este blog.

   Este año, he pasado las vacaciones de navidad fuera de casa, ("ventajas" de estar en el paro) , en un país que aún siendo cuna del cristianismo, no tiene nada de católico, (ya podéis suponer de cual se trata). El caso es que... (siempre me ocurre) , cuando visitas un país como un auténtico viajero, (sin tours ni excursiones organizadas) , relacionandose entre la gente, uno acaba sintiendo, sin poder evitarlo, fuertes "flashbacks" que te inundan de nostalgia.

    No sé, quizás fuera por las fechas en las que nos encontrábamos, pero mientras mi cuerpo celebraba Hannukah, mi mente me llevaba a aquellas navidades de mi niñez, cuando en mi casa se desarrollaba el pequeño "affaire" de todos los años.

       Las fiestas empezaban con cierta normalidad, mi madre, (tan atenta siempre al que dirán) , plantaba el "Ramu de Nadal", tradicional en León, (tradición que se perdió y que curiosamente se ha puesto de moda otra vez) , y un fantástico Belén de barro artesano, regalo de mis tíos de Mexico.

   Mi padre, como de costumbre, (costumbre cuando ya éramos mayores, porque de pequeños se dedicaba a hacernos creer que venían los reyes magos y se bebían el coñac) , empezaba a refunfuñar y a decir que él no celebraba la navidad, si no la revolución cubana, y aquí es donde empezaba el lío. 

    Un lío que tuvo diferentes fases a lo largo del tiempo. De primeras, mi padre, (tan "mañoso" y puñetero él) , hizo una hermosa pintada en la pared del portal de Belén, "EL CHE VIVE, ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!". 

   Lo curioso es lo bien que le quedó. Parecía de verdad que un fariseo, hubiera pintado con brocha ese lema tan famoso, de aquella escuela de La Higuera, en el mismísimo portal de Belén, en el día en que nacía nuestro... "salvador". 

    Mi madre, aunque la pintada se veía claramente, ni siquiera se dio cuenta del "desaguisado". Sólo se extrañaba de la cara de sorpresa que ponían las visitas, cuando les enseñaba su flamante Belén  artesano de barro, traído de Mexico. 

   ¡Podéis imaginaros la que se lió! , como aquello no había ya forma de arreglarlo, se dedicó a amontonar pastores, ovejas y palmeras encima de la pintada. Pastores y ovejas que "misteriosamente" volvían a su sitio, cada vez que alguna visita aparecía por la casa.


Ramu de nadal ya vestido, aunque lo tradicional es que se le cuelguen frutas, rosquillas y nueces



   Con el tiempo, esta primera fase del "festival navideril" llegó a un punto muerto, en el que la famosa pintada, que tanto revuelo había causado, acabó siendo aceptada. De hecho, mi madre ya ni se molestaba en ocultarla. Así que mi padre, siempre atento ante tales circunstancias, decidió darle a nuestra Navidad, una nueva vuelta de tuerca.

   Encargó a un vecino que vivía en Barcelona, y que solía venir de vacaciones en verano y semana santa, una nueva figurita para el Belén. No era un camello, (curiosamente en el Belén de Mexico no había camellos, los reyes venían a pie, o en taxi me imagino) , ni un pastor, ni un lugareño... no. 

   Aunque podría decirse que si que era un pastor, pero que tenía la "particularidad" de que mientras los otros se dedicaban a adorar al niño, este se dedicaba a "cagar de campo". El "caganer" que le trajeron a mi padre, era el de toda la vida en Cataluña, supongo que en aquella época no habría la variedad que hay ahora. 

    El payés con su barretina roja, agachado en un camino un tanto aislado, que abonaba el campo y aseguraba una buena cosecha para el año próximo.

    La primera aportación de mi padre, a la iconografía navideña típica de Cataluña, consistió en pintarle una hoz y un martillo amarillos en la gorra, con lo que teníamos un "payés" que no estaba afiliado a Convergencia, si no al PCE de Santiago Carrillo.

   Y de lo de estar aislado en un camino, pues nanai. En el mismo centro, ( no como ahora Convergencia) , del portal, justo al lado del Rey Melchor, que arrodillado ofrecía en un canasto lo que mi madre decía que era oro, y a mi siempre me parecieron tortillas cutres de maíz.

Sin duda le hubiera encantado a mi padre


    Con la nueva "incorporación", volvimos a revivir aquellos días en que las visitas se quedaban estupefactas al contemplar aquel Belén cuyas figuras se movían "mágicamente" sin que nadie las hubiera tocado.  

    Y es por eso que hoy en día, cuando paso por Cataluña, lo primero que hago es comprar una nueva figurita. Y cuando llegan las Navidades planto el "Ramu" y el "caganer" en la entrada de mi casa. 

   Aunque el que tengo ahora no es el "original", por desgracia, (daría cualquier cosa por conservarlo). Es el del papa Ratzinger, (bueno, lo cierto es que también tengo uno de Mouriño en el salpicadero del coche, pero es por otros motivos mucho más mundanos, je, je). 

    Y recordar con una sonrisa aquella frase de mi madre "¡¡Un respeto, que el niño Jesús nunca cagó de campo!!". Se equivocaba, me temo...