OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Este termino que puede resultarnos tan extraño y desconocido resulta básico para el funcionamiento de nuestra moderna sociedad de consumo.

   Nuestra economía crece únicamente por la continua demanda de bienes, muchas de nuestras modernas "necesidades" son generadas artificialmente por la publicidad, que nos bombardea continuamente y nos induce a no encontrarnos nunca satisfechos con nuestras posesiones.

   Siempre hay un modelo nuevo mucho más veloz y confortable que nuestro automóvil, un ordenador mucho más rápido y potente ó una consola de videojuegos con gráficos mucho mejores.

   Esta necesidad de alimentar constantemente la maquinaria del consumo, de echarle más leña al fuego para que la industria y el crecimiento nunca se detengan, es lo que ha convertido en una cuestión crucial la duración de los productos que adquirimos.

   La industria moderna comprendió muy pronto esta condición ineludible de dar un tiempo limitado de vida útil a los productos que fabricaba. Cuando las primeras bombillas fueron lanzadas al mercado, el acento publicitario estaba puesto precisamente en la enorme cantidad de horas de funcionamiento que estas lámparas eran capaces de soportar.

   La media estaba entonces alrededor de unas 3000 a 4000 horas. Pero de este modo los números no cuadraban, era evidente que si el producto tenía una vida tan prolongada, a largo plazo serían muchas menos las bombillas que se venderían. Los mismos ingenieros que tanto se habían afanado en conseguir un filamento lo mas resistente posible recibieron la contraorden, el objetivo era ahora conseguir lámparas cuya duración rondase las 1000 horas para que el producto fuese mucho más rentable, cosa que consiguieron en muy poco tiempo.

   El mismo problema e idéntica solución fue adoptada por DUPONT, la empresa Norteamericana que inventó el nailon.

   Las primeras medias lanzadas al mercado por DUPONT eran prácticamente irrompibles. Las consumidoras estaban encantadas, nunca mas tendrían que preocuparse de las molestas y anti estéticas carreras.

   Su satisfacción duró exactamente el mismo tiempo que tardó DUPONT en calcular las previsiones de ventas de su novedoso producto, a partir de entonces, sus medias se rompían con mucha mayor facilidad.

   Estando así las cosas, no tiene nada de extraño que uno de los métodos que se barajaron para superar la gran depresión del 29, fuera precisamente la de acortar aún más la vida funcional de los productos, para estimular el consumo y la producción industrial y contener así el desempleo.

   Actualmente, el modelo económico del triunfante capitalismo no a cambiado para nada, así que no debe extrañarnos que el correcto funcionamiento de los productos que compramos esté planificado al dedillo, para obligarnos a volver a pasar por el comercio en el periodo de tiempo más beneficioso para la industria. 

    En realidad, este sistema constituye un despilfarro de recursos, y más pronto ó mas tarde acabaremos pagándolo, pues parece que aún no somos conscientes de que los recursos de los que disponemos no son infinitos, y llegará un momento en el que nos veremos imposibilitados de añadir más madera al fuego insaciable de la industria que terminará por devorarnos.

   La duda que me asalta es si todas las industrias,incluso los gobiernos, funcionarán del mismo modo. Porque aunque pueda considerarse como un timo que la industria de las impresoras ponga a la venta aparatos que fallan intencionadamente, el único daño que pueden causarnos no pasará de vaciarnos nuestros bolsillos.


Pero,¿que ocurre con la industria farmacéutica y de la salud?,¿emplearán los mismo criterios?. Si es así, ¿no serían capaces de provocarnos intencionadamente dolencias artificiales? , (no hay más que ver la larga lista de contraindicaciones y efectos secundarios que podemos leer en el prospecto de cualquier medicamento, hasta las pastillas de menta tienen efectos secundarios).

   Me gustaría decir que no, que existe una ética y unos valores humanos que están por encima del dinero ó del beneficio empresarial, pero lamentablemente no es así.

   Los criterios económicos priman también en estas industrias. Si uno tiene la desgracia de contraer una enfermedad rara, de esas que afectan solamente a un porcentaje ínfimo de la población, podrá comprobar fehacientemente lo que estoy diciendo.

   Los laboratorios farmacéuticos no investigan tratamientos para este tipo de afecciones por un único motivo, porque no resultan rentables. Los gastos de investigación no serían amortizados jamás porque el mercado potencial es demasiado reducido, así que simplemente no se ocupan de ellas, no les conmueve el sufrimiento atroz de esas personas. Se escudan en que no son instituciones de caridad, sino empresas, y el único fin de una empresa consiste en ganar dinero.

  Por lo tanto, cuando una empresa farmacéutica lanza al mercado un nuevo producto, su estrategia comercial no difiere en nada de la estrategia que emplearía cualquier otra empresa en cualquier otro ámbito.

   Pondré un ejemplo, los tratamientos contra el cáncer constituyen un mercado que mueve cada año miles de millones de dólares, no sólo en medicamentos sino también en maquinaria especifica, escáner, radioterapia, quimioterapia, etc etc....

   Queda claro entonces que el cáncer constituye para estas empresas un importantisimo y muy lucrativo negocio. Así que, a la hora de invertir en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos para tratar esta enfermedad, las únicas lineas admisibles serán aquellas que procuren una alta rentabilidad.

   Es decir, aquellas que garantizan que el cáncer se convertirá en una enfermedad crónica, para cuyo tratamiento los particulares e instituciones sanitarias se vean obligadas a pasar constantemente por caja, como a ocurrido finalmente con el SIDA , (excepto en los países del tercer mundo, donde el SIDA sigue siendo una enfermedad mortal, pero claro...esos países no tienen dinero suficiente para costear los tratamientos, por lo tanto pueden morirse, a ellos no les importa).

   De este modo y según los principios de la obsolescencia programada, lo que podemos esperar es una sucesión indefinida de nuevos tratamientos, cada vez más caros y rentables obviamente, pero nunca una solución definitiva que ponga fin a esta dolencia tan devastadora.

   Ojalá me equivocara, pero parece muy claro que muchos millones de personas cada año,mueren victimas de la dichosa obsolescencia programada,¿no les parece?.








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